martes, 14 de abril de 2009

Sabato, Dostoyevski... y otra vez Sabato

Una de las novelas cuyo comienzo más me gusta además de la novela entera, por supuesto es El túnel de Ernesto Sabato. Tal que:
Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne; supongo que el proceso está en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores explicaciones sobre mi persona.
Recordé este inicio leyendo durante estos días de fiesta El idiota de Dostoyevski, concretamente el siguiente pasaje ya muy avanzada la novela en el que Ippolit está leyendo su explicación, que él llama al estilo Luis XV "Après moi le déluge":
Decidí morir en Pavlovsk a la salida del sol y en el parque a fin de no incomodar a nadie de la casa. Mi "Explicación" dará cuenta suficiente de todo el caso a la policía. Los aficionados a la psicología y aquellos que lo deseen pueden sacar las conclusiones que tengan por conveniente. Quisiera, sin embargo, que se publicara mi manuscrito.
En fin, no es el comienzo de la novela, pero supongo que me vino al caso recordar el comienzo de Sabato por el tema de la muerte/asesinato y especialmente por la idea de lector que tanto Sabato como Dostoyevski no pierden de vista.

Vuelvo a Sabato, pero esta vez a Sobre héroes y tumbas, porque el comienzo de su capítulo III, titulado "Informe sobre ciegos" empieza de nuevo de forma célebre, con una anticipación inolvidable:
¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?
Y para cerrar la red, la "Noticia preliminar" con que comienza Sobre héroes y tumbas:
Las primeras investigaciones revelaron que el antiguo Mirador que servía de dormitorio a Alejandra fue cerrado con llave desde dentro por la propia Alejandra. Luego (aunque, lógicamente, no se puede precisar el lapso transcurrido) mató a su padre de cuatro balazos con una pistola calibre 32. Finalmente, echó nafta y prendió fuego[...]
En todo caso, Sabato señala que este texto que yo recorto pertenece a una crónica policial publicada por el diario La Razón de Buenos Aires el 28 de junio de 1955. Pese a no ser original, es un inicio espectacular.

Fiodor Dostoyevski, El idiota, Madrid, Alianza Editorial, "El Libro de Bolsillo", 1996 (p. 583);
Ernesto Sabato, El túnel, Barcelona, Seix Barral, 1986 (p.9);
Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas, Seix Barral, 1985 (pp. 237; 9).

A modo de estrambote: ya que el ejemplar que tengo de El idiota es de mi hermana Marta, y al hilo del fuego de Alejandra, aquí dejo un poema de Munárriz llamado "Incendiario", que sé que le gusta mucho, como rescate ajeno por mi duradero secuestro:
De sus ocupaciones
la menos conocida
fue incendiario de naves.
Cada atraque le daba perspectivas
para nuevas escalas,
pero antes de zarpar
prendía fuego al viejo barco.
Destinos por delante
y, a su espalda,
cenizas.
Jesús Munárriz, Artes y Oficios, Madrid, Hiperión, 2002 (p. 30).

2 comentarios:

cristina dijo...

También te gustaba mucho el inicio de un cuento de Patricia Highsmith, cuyo título ahora no recuerdo, perteneciente a sus cuentos misóginos (puede que ni siquiera llevara título). "Après moi le deluge" es el título de un cuento de Isak Dinesen que cuando quieras te presto.

Nacho MG dijo...

Por supuestísimo, menudo inicio más fenomenal. Ay, ¿por qué no lo incluimos finalmente en la antología? ¿Tú te acuerdas? Acepto el Isak Dinesen.
Besotes y gracias por tus comentarios
(¿nos vemos este fin de semana largo?)