viernes, 27 de febrero de 2009

Denis Johnson, "Car-Crash While Hitchhiking"

A salesman who shared his liquor and steered while sleeping... A Cherokee filled with bourbon... A VW no more than a bubble of hashish fumes, captained by a college student...
And a family from Marshalltown who head-onned and killed forever a man driving west out of Bethany, Missouri...
Así comienza el relato "Car-Crash While Hitchhiking", de Denis Johnson, publicado en 1989 en The Paris Review, y que también se encuentra en The Paris Review Book of Heartbreak, Madness, Sex, Love... y todo lo demás [la referencia completa la encontráis en el post anterior].

En todo caso, adonde quiero llegar es a la forma en que comienza un relato, una novela, un poema. Desde el Don Juan Tenorio de Zorrilla a El pez dorado de Le Clézio, hay textos que comienzan de forma exquisita, salvaje o susurrada, aplastante. Como sano practicante de la lectura a voleo, sin criterio ni intención, me divierte pasar así el rato en una librería, en la biblioteca de un amigo o en mi casa, leyendo comienzos. Después de esas primeras líneas (cuatro, seis, quizá catorce) ya viene el resto, que muchas veces ni consigo recordar, y algunas incluso olvido. Ahora también practico en internet. Inopinadamente, a veces estas lecturas degeneran en compras, terms & conditions y plazos de entrega.

Pese a que ya es común que las editoriales ofrezcan la posibilidad de leer las primeras páginas de sus novedades en sus páginas web, echo de menos poder ojear su fondo (¡vamos Penguin!, ¡vamos Anagrama!). En cualquier caso, la digitalización completa de fondos editoriales parece un proceso incuestionable, así que antes o después -y más apunta a lo primero- podremos ampliar el campo de batalla.

Y aquí la cuestión de género: si bien las cuartas de cubierta del libro impreso han servido generalmente para -entre otros contenidos críticos y biográficos, o incluso hagiográficos/pornográficos- ofrecer al posible lector (léase comprador) una sinopsis-reclamo a modo de trailer cinematográfico del texto que guardan, no parece que hayan influido mucho en el texto, o no imagino exactamente cómo, ¿influirán estas separatas digitales a modo de teaser en la escritura y edición del texto? ¿A cuántos autores no se les ocurrirá reformular, retocar o directamente escribir comienzos bastardos? ¿Cuántos textos huérfanos dejarán estos padres bastardos? No es raro que una cuarta de cubierta o un dossier de prensa o un prólogo engañe o pervierta el verdadero sentido del texto, pero no lo manipula, no interfiere en la obra. ¿Cuántos editores y agentes de olfato comercial no sugerirán/impondrán comienzos pirotécnicos, primeras páginas estratosféricas que apenas tengan algo que ver con el cuerpo de la obra? ¿Tendré -en el mejor de los casos- la oportunidad de comenzar un libro con Mario Puzo y terminarlo con Bioy Casares?

Aguardo, pues, curioso el nacimiento y expansión de una literatura descabezada, para lectores guillotinados.

[A modo de estrambote: http://plimptonproject.org/]

1 comentario:

loquedigan dijo...

Me ponga una de Byron aderezado con Andy y Lucas, por favor.
Pinta bien ese link...para cuando vuelva mi cerebro (ha dicho que iba a por tabaco, pero desconfío un poco).

BeSOS

pd: dos días, dos posts! Bravo!